Un clásico de terror en la oficina. Eran las 9:30 de la noche, cierre de mes y aún no terminaba el reporte de “tu tío”. Sentí un retorcijón. “La cubana” con chile extra comenzó a asentarse. Fuí corriendo al baño. Ya en el trono, escuché un ruido de la cabina vecina. Me asomé un poco y pude ver unos pequeños pies. Recordaba que el portero del edificio, a veces, traía a su hijo.

“¿Eres el hijo del portero?”, pregunté. No contestó ni sus pies se movieron. Jalé la palanca y salí de la cabina. Pude ver la puerta de al lado entreabierta. Cuando la abrí completamente, descubrí a una niña cubierta de sangre y salí corriendo…

Hanako san, “la niña del baño”

Al sonido de “¡ya vámonos, que aquí asustan!” se ha forjado una de las tradiciones más tétricas del mundo laboral: la niña del baño. Aunque todo espacio con W.C. es propicio para divulgar la existencia de actividad paranormal, “la niña del baño” es todo un clásico para atemorizar a los recién llegados y al personal que abandona el inmueble a altas horas de la noche.

Aunque la idea de una niña en el baño parece surgida del más puro imaginario nacional (donde hasta la muerte es motivo de algarabía), en realidad es una exportación cultural asiática. Es una tropicalización de una leyenda urbana japonesa: Hanako-san, la niña del baño.

Hanako san, “la niña del baño”

En la narrativa del terror existen tres temores fundamentales: a un ser maligno (como un monstruo o un asesino, por ejemplo), la pérdida de la identidad (por locura o una posesión) y al más allá.  La niña del baño es una mezcla de la primera y la última.

El mito nació durante la posguerra y existen múltiples variaciones. Se dice que Hanako-san era el espíritu de una niña que murió durante un bombardeo, mientras jugaba a las escondidas y se ocultaba en un baño.

En los 80, se convirtió en un reto adolescente que consistía en llamar  tres veces, en el tercer cubículo del baño del tercer piso, a la voz de ¿estás ahí, Hanako?  para que una niña de falda roja apareciera. Algunas veces se contaba que no hacía nada, en otras que tenía mala leche.

La leyenda salió del país y encontró modificaciones como Bloody Mary o Verónica. Con el tiempo, ya ni siquiera necesitabas llamarla.  La niña aparecía de forma random en cualquier baño, sólo basta con estar  solo en un inmueble y a muy altas horas de la noche.  

Pero ¿qué es lo que nos fascina de contar que hay una “niña en el baño”? En realidad es su exotismo nipón. Durante el siglo XX, occidente conoció el fascinante folclore japonés mediante la literatura. Surgieron obras maestras como En el bosque, bajo los cerezos en flor, donde la irrupción del terror en una trama convencional era atractivo para cualquiera.

Cuentos de la luna pálida (1953), El más allá (1964), Onibaba (1964) y otros clásicos del terror ayudaron a difundir la estética. En los 90, el cine de Kiyoshi Kurosawa y Takashi Miike llevó el terror a contextos tan cotidianos como una oficina a plena luz del día. Gracias al realismo mágico mexicano, la niña en el baño y otras leyendas urbanas exportadas dan misticismo a la realidad en crudo. Entrar en contacto con el “más allá” asegura una “vida después de la muerte”.

¿Por qué existen este tipo de leyendas en la oficina?

De acuerdo con Marvin Harris, el pensamiento mágico es una necesidad en una era con “sobredosis de intelecto”. El estrés del horario laboral exige a la mente “narrativas” que rompen con la rutina. Además, sentir miedo es necesario para el cuerpo y produce “placer”.

Según  Andreas Keil, profesor de psicología de la Universidad de Florida, estar frente a una “amenaza” provoca que el cerebro libere dopamina y serotonina, los cuales producen placer e inhibición (respectivamente). El “placer del miedo” ocasionado por la activación de “instinto de superviviencia” lleva a estados de euforia que sirven de puerta de escape al estrés.

Jerónimo Saiz, profesor de la Universidad de Alcalá, afirma que los estados de alerta por una sensación de miedo pueden estimular la creatividad. Al toparnos con “lo imposible”, nuestra mente intenta buscar explicaciones y soluciones ipso facto, usando los pocos recursos que nos rodean.  En otras palabras, es saludable y productivo sentir miedo con moderación.

¿En tu trabajo has escuchado la leyenda de “la niña del baño”?

7 experiencias de terror en el trabajo

Autor: OCCMundial

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