Estás sintiendo que el apoyo de tu equipo de trabajo es nulo, que tu puesto ya no te inspira ni te apasiona como antes, y piensas que en otro lugar estarías mejor; pero, ¿qué pasa si descubres que no es el lugar el que te tiene así, sino un mal liderazgo? 


Sí, todos estos sentimientos negativos que experimentas se deben al mal liderazgo que experimentas en tu trabajo día a día.

Tú como muchos otros “godinez”, viven este tipo de estrés laboral y no es nada soportable sentirse así todo el tiempo.

Debido a que pasamos más tiempo en nuestro trabajo que en nuestra propia casa, lidiar con esta situación puede generarnos enfermedades e incluso síntomas de un trastorno psicológico de estrés potstraumático como: ansiedad intensa, ataques de pánico, insomnio, entre otras.

Algunas áreas tienen constante rotación de empleados y los jefes suelen adjudicar esa situación a otros temas, pero no se dan cuenta que el problema viene desde la raíz: ellos mismos.

Las malas actitudes y el abuso de poder de un jefe siempre son los principales elementos que afectan la armonía del personal, lo que provoca que los empleados se desmotiven y su productividad laboral disminuya.


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Características de un mal liderazgo

Delegar trabajo excesivo

Asignar una cantidad extensa de proyectos a los mejores empleados porque saben que tienen la capacidad de desarrollarlos todos, no es la mejor forma de potencializar sus habilidades.

Si la carga de trabajo demanda muchos proyectos, el jefe debe considerar aumentar el puesto y salario de esas personas, no para motivarlos, sino porque es lo justo por el trabajo que están realizando.

Promover a las personas incorrectas

Ascender a trabajadores que no tienen la capacidad suficiente para cargar con una responsabilidad más grande y que ni siquiera se esfuerzan para llegar ahí , es una señal de que el líder del equipo está realizando mal su trabajo.

Este error de los jefes desmotiva a quienes sí cumplen con sus objetivos y con los de la empresa. Esas personas que su desempeño es incuestionable prefieren migrar a otro lugar de trabajo donde si valoren su esfuerzo y conocimiento.

No reciben nuevas ideas

Los empleados más productivos siempre buscan la manera de innovar todo lo que tocan, la mayoría de sus nuevas ideas realmente pueden funcionar en algún proyecto.

Pero si no se interesan ni siquiera en poner atención a sus propuestas, dejarán de trabajar con el mismo ánimo hasta que se vuelva aburrido para ellos.


El factor más importante para que un equipo de trabajo labore bajo un ambiente de felicidad es el jefe.

Por ejemplo, si tu eres jefe de alguna área en tu trabajo, tienes que ser un líder que crea profundamente en que el capital humano es lo más importante de la organización. De otra manera, los empleados que estén bajo tu responsabilidad creerán que no son de gran valor para ti ni para la organización.

Ahora bien, no para todos tener un mal jefe significa motivo de renuncia.

En los mejores casos, la mala relación que se tiene con el jefe se debe a una total falta de comunicación. Al final resulta ser diferente a como lo percibimos.

Así que lo más recomendable es hablar cara a cara con él y exponerle tus incomodidades.

Sabemos que correrás el riesgo de que las cosas empeoren o simplemente no cambien nada, pero por lo menos harás que se cuestione sobre su desempeño como cabezal de un equipo.

Sin embargo, si ya intentaste de todo y no obtuviste una respuesta positiva en ninguno de los casos, es momento de tomar la decisión de cambiar de trabajo.


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No es correcto pasar más tiempo pensando en cómo lidiar con tu mal jefe que trabajando.

Cuéntame un poco sobre cómo lidiaste tú
con un mal liderazgo en alguno de tus trabajos.

Autor: Itzarih Sánchez

Si escribir mata de hambre, quiero morir como J. K. Rowling.

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