Los diseñadores seguro están acostumbrados a que por lo menos una vez en su vida profesional alguien les haya hecho una “bromita” sobre su trabajo. Pero ¿qué pasaría si ese alguien tomara por un día sus actividades? ¿Sabrían crear obras de arte para comunicar específicamente algo? 


“¡Ah vea!”

Para los diseñadores este tipo de comentarios y “chistoretes” ya son el pan de cada día, pero no hay que ser injustos, ya que sin su talento el mundo no sería el mismo.

Y es que por mucha broma y broma, la verdad es que el diseño es un complemento  fundamental para transmitir cualquier mensaje y que éste sea cachado por la audiencia con éxito, es decir, el diseño existe para comunicar.

Sí, leíste bien, COMUNICAR.

“Hacer dibujos”, “ponerle colorcito”, “pintar figuritas” como algunas personas suelen referirse al diseño es más que hacer un gráfico atractivo. Es pensar lo que se va a decir y cómo se va a decir sin la presencia de las palabras. Es seguir una estrategia de comunicación para lograr transmitir un mensaje correctamente y llegar al objetivo por el cuál se está diseñando.


Lo que callan los diseñadores

Es en serio cuando digo que los diseñadores han sido víctimas del desprestigio y desvalorización por lo menos una vez en su vida profesional.

Han pasado por cada situación incómoda que para este punto ya les causa risa.

Como es el caso de una diseñadora a la que entrevistamos, quién nos platicó que en su primer empleo tuvo un “jefe” que la mandaba por café todas las mañanas como parte de sus actividades laborales, pues creía que diseñar no era suficiente trabajo para un día.

O como la primera vez que trabajó por su cuenta para un cliente, quien le solicitó un logo para una microempresa y al final no recibió paga por ello. El cliente desapareció.

O como cuando alguien le aseguró: “tú eres diseñadora y tienes Facebook personal ¿no?, entonces sí puedes llevar mis redes, así para que sea vean bonitas y que jalen gente”.

Ella, cómo muchísimo más, ha pasado por la incómoda situación de trabajar ciertos materiales conforme la petición del cliente, pasar por miles de revisiones y cambios antes de preparar los materiales para entrega y justo cuando ya está todo listo para entregarse, el cliente se comunica para decir que siempre sí quiere el color que se le propuso en la primera revisión.

Y aunque el mal trato hacia los diseñadores siempre ha estado expuesto y razonado, ellos tienen mil motivos más para amar su talento y profesión y continuar creando obras de arte a pesar de las risas burlonas.

Para nuestra diseñadora entrevistada, el diseño gráfico le ha abierto más puertas buenas de lo que imaginó y no se arrepiente de las experiencias que la orillaron a realizar otras actividades que no fueran parte de su carrera pues agradece el conocimiento que le dejaron ya que han sido parte de su formación profesional.

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Por qué debemos valorar la profesión

Cómo ya sabemos, hay personas que nacen con ciertas habilidades cognitivas dependiendo el hemisferio del cerebro que más predominen.

Las personas que predominan más su hemisferio derecho, suelen tener mayor facilidad a la hora de pensar, recordar o estudiar a través de imágenes.

Los diseñadores como muchos otros profesionistas poseen habilidades de creatividad únicas que no todos podemos desarrollarlas científicamente.

El diseñador observa todo para analizarlo a través de los sentidos, mediante estos “canales” recibe la información, la asimila y empieza a interpretarla. Gracias a esto percibe la realidad, la recrea y la imagina, justo para ofrecer finalmente una solución llamada: objeto de diseño.

El cliente solo piensa en una comunicación funcional hacia el marketing, es decir, cómo elevar a la marca, etc.

El diseñador, además de pensar en el funcionamiento del marketing, evalúa todas las realidades posibles tomando el rol de asesor, sirviendo de apoyo para la toma de decisiones.



Compárteme tus mejores y peores experiencias como diseñador gráfico

Autor: Itzarih Sánchez

Si escribir mata de hambre, quiero morir como J. K. Rowling.

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